La propuesta de las gotas milagrosas no ha pasado desapercibida en estos momentos en que arrecia la tercera ola del Covid 19.

Para decirlo en términos de pandemia: se ha vuelto viral. Nuevamente aparecemos en titulares como objeto de mofa por la falta de seriedad. Nosotros, que sí somos gente seria, no caeremos en lo mismo, por el contrario, haremos una revisión rigurosa de esta nueva panacea que acaba de promover el gran jefe brujo.

Partamos del ofrecimiento curativo que se hace con estas gotas de nombre impronunciable: se anuncia que “neutraliza el Covid 19 en un 100%”, no se habla de ningún margen de error como el que suele acompañar a los estudios de los laboratorios.

Se entiende, aquí el margen de error fue cometido en diciembre de 1998. «Diez goticas debajo de la lengua, cada cuatro horas, y el milagro se hace, es un poderoso antiviral, muy poderoso que neutraliza el coronavirus», se nos vuelve a decir.

Bueno aquí entra otro elemento: la condición milagrosa del producto. Los milagros son aquellos eventos o hechos que se atribuyen a la acción divina. 

También se habla de milagro en un sentido más general como “todo suceso que despierta admiración”. Lo curioso es que no haya despertado la admiración de la Organización Mundial de la Salud, atenta a todo lo que está relacionado con la pandemia.

Un auténtico milagro sería por ejemplo que en el país con las mayores reservas petroleras del planeta hubiese combustible. Pero sigamos con la medicina.

El medicamento en cuestión se llama “Carvativir”, es un derivado del tomillo (Thymus, de la familia Lamiaceae). La planta tiene propiedades culinarias y medicinales. Los antiguos egipcios la utilizaban en la momificación, detalle que no es muy alentador.

En la antigua Grecia y durante la Edad Media, fue considerada planta medicinal. Ciertamente, se dice que el tomillo tiene más propiedades y beneficios que un funcionario del alto gobierno, entre otras, contra el estreñimiento, mal que ciertamente los susodichos no padecen, porque la ponen con extraordinaria facilidad y frecuencia.

Tiene también calcio y fósforo, este último, muy útil en los actuales momentos para acompañar el plan leña adentro que se promueve para combatir la ausencia de gas doméstico. 

En las reseñas internacionales se dice que no es el primer anuncio de una solución para el Covid 19 que realiza el régimen venezolano y se señala otra, de noviembre pasado, un descubrimiento que supuestamente desde el IVIC anunciaba “Drácula” (sic) (también es que se la sirven en bandeja a los comentaristas globales de estupideces).       

No se trata aquí de desconocer las propiedades curativas de ciertas plantas: la manzanilla, el aloe vera, el eucalipto, el jengibre y, sin duda, también el tomillo. Son plantas medicinales y buenas, cuya utilidad ha sido probada por nuestros ancestros, pero de allí a afirmar que puede neutralizar a un virus tan mortífero como el del Covid19 y ofrecerlas como gotas milagrosas es demasiado grave, sobre todo por venir de quien viene, aunque -curiosamente- también carece de toda importancia por la misma razón.   

Lo que sí resulta lamentable es que se asocie a las gotitas el nombre de una persona tan seria y rigurosa como el beato Dr. José Gregorio Hernández, que era un auténtico hombre de ciencia, además de una persona buena, piadosa y honesta. Es una pena que él no tenga como defenderse, o quizá sí y nos brinde este año el tan anhelado milagro.

En todo caso, lo cierto es que gota a gota, esta gente agota.

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