¡Qué rochela de idilio!

07/10/2012. Revista Estampas

Por esas cosas de la vida, o más bien por esos caprichos del Cupido profesional, Laureano y Emilio se encontraron en sus risas, por vez primera, en la desaparecida Radio Rochela. Culpable de hilarantes odas al absurdo cotidiano, el programa que fuera estandarte de Radio Caracas Televisión les consolidó como humoristas «serios» y ellos hicieron lo propio para juntarse -y arrejuntarse- en este oficio en el que cuando cantan a dúo, la armonía hasta les sale mejor.

De esos inventos, que les quedan tan bien cuando los idean juntos, nacieron sketches tan conocidos como Los Colombianos -donde Laureano interpretó a Carlos Gardel, el Rey Herodes o El Padrino, entre otros personajes-, Los Presos, Los Diputados, El Papa y el preso, Palomino Vergara y especiales del 12 de Octubre sobre la conquista de América, entre otros.

En el teatro la historia se ha repetido con piezas en las que han compartido su genialidad en escena. Otro cuento de Navidad, Vicente Nario y Emidilio y Laureamor, han sido sobre las tablas sus mejores éxitos. La última ya cumplió nueve años flechando gente por toda Venezuela.No se dicen te quiero frente a cámaras o micrófonos -solo ellos sabrán si tampoco estando a solas-, pero es mucho lo que le han contado a otros sobre la admiración que se tienen, lo que les ha permitido mantener la camaradería, los contratos en conjunto y los logros. En una entrevista que le hiciera Lovera a Márquez, a propósito de ser invitado especial del programa del primero, el humorista dijo: «Probablemente Laureano tenga más cosas que decir de mí, que yo de él. Pero lo que yo pueda decir de él, todo es bueno».

Sobre las caracterizaciones que han realizado como dupla, ambos tienen claro cuál es el papel de cada quien. Laureano escribe, da estructura y dirección. Emilio aporta la idea principal, propone los momentos clímax de las actuaciones y le pone el swing musical. Cóncavo y convexo, este par se ha configurado a la perfección para nutrir la comedia hecha en el país. La guinda de esta trayectoria común es, ahora, fungir como editores de Escampas, una edición que no moja pero empapa.