María Laprea llega al siglo de vida y a mí eso me parece tan bonito porque María es una mujer tan amable y cariñosa que cuando es madre de un amigo de uno, es como si lo fuera de uno también.

Cumplir 100 años es todo un acontecimiento y yo declaro su cumpleaños fiesta nacional, por su vida plena y lúcida.

Solo por sus tortas de chocolate sobre chocolate con relleno de chocolate, ya María se merece el cielo.

Sus paisanos apureños la llaman Mariita, como el profesor Bermúdez cuando decía: «Mariita era la mujer más bonita de San Fernando, allá todos estábamos enamorados de ella, pero claro, vino Aquiles con su labia de poeta y se la llevó».

María cumple 100 años y se dice fácil. Nacer en San Fernando en 1921 no debe haber sido nada sencillo. Un año antes había terminado la llamada «Gripe española». Gómez era el amo y señor de Venezuela. Ese año fusilaron al temible Funes.

La conexión de San Fernando con el país era esencialmente fluvial. Allá llegaban barcos europeos en busca de productos autóctonos, entre ellos, las plumas de garza que exportaba la familia de María, oriunda de Maratea «la perla del Tirreno» en Italia.

María cumple 100 años y en algunas cosas aparenta 80, en otras 40 y tiene una memoria de 20. Recuerda cuando navegaba el rio Apure y el Orinoco y cuando de parrillera de su hijo Raúl, recorrió Europa en una Vespa.

Recuerda también cuando Aquiles Nazoa fue expulsado de Venezuela esposado (pero sin esposa) en tiempos de dictadura (que en Venezuela es casi siempre) y fue a dar a Bolivia, a casa del escritor Pepe Ballón, quien le brindo amistad y refugio, y tampoco olvida que cuando vino la dictadura a Bolivia (que es casi siempre), el intelectual boliviano vino a refugiarse en su casa en Caracas.

María cumple 100 años, un siglo. Me pregunto cómo será llegar a un siglo, con la mirada transparente y la conciencia clara del deber cumplido. Cien años haciendo el bien, cuidando de todos, leyendo, cocinando, riendo, porque María siempre ríe y quizá ese es su secreto: el humor y el amor con los que lleva la vida.

Celebro su siglo y le deseo muchos años más con similar salud y lucidez. María cumple 100 años y yo declaro este día como fiesta nacional, para recordar que la esperanza existe, que la vida es buena y para desearle que entre todas las cosas que ella ha visto convertirse en pasado esté también –muy pronto–, este tiempo.

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