Entre los millones de cosas que le llegan a uno al teléfono para ayudarnos a no perder tanto tiempo leyendo libros, me enviaron la famosa cuña de la camioneta blindada.

Lo tomé como una parodia de la corrupción y el mal gusto. Parecía una crítica mal lograda a la «enchufocracia» reinante. «Se podía haber dicho más», pensé.

Sin embargo, inocente uno, resulta que se trata de una cuña completamente en serio. El sabio Mevlana decía: «se visto como eres o sé cómo eres visto».

Aquí parece que a mucha gente ya no le importa ser vista como es,  en todo el esplendor de esa terrible tragedia que ha traído el «socialismo» a Venezuela: la corrupción, la riqueza fácil y la ostentación grotesca de todo ello.

«Mi patrón, me la dio mi papá» (se refiere a la camioneta), comienza con una toma aérea de aproximación al lugar de blindaje al que supone uno, un hijito de papá, que lleva su camioneta a blindar.

Me vino a la memoria una oportunidad en que fuimos a trabajar, Claudio Nazoa y quien suscribe, a Lechería en un hotel importante que tiene una marina.

Desde la baranda de un yate con no menos 15 camarotes, un hijo de un enchufado nos reclamó nuestras críticas a un «revolución» que defiende al pueblo y preguntó -además- si nosotros estábamos pagados por Carlos Andrés Pérez. 

La escena era tan surrealista que parecía una broma. Resultaba increíble que desde ese gigantesco y lujoso cuasi Titanic, alguien estuviese defendiendo al pueblo.

Pero resultó que la pregunta era en serio, formulada desde un yate por causa del cual, seguramente, muchas personas eran mucho más pobres.

 «Marico, sobrepase el nivel, estoy en otro level» sigue la cuña. En Venezuela no es difícil sobrepasar el nivel si tienes la conexión adecuada.

El nuevorriquismo, que pasa del subsuelo al nivel multimillonario, necesita exhibir su riqueza.  «Papito en alta siembra, billete pa’ tirar pa’ arriba». Seguramente esa «alta siembra» no es en el campo venezolano, quebrado por otras siembras a las que les conviene su destrucción.

«Papi me dijo: ‘hijo blíndala’ por algo será, tiene demasiado billete». Luego va al lado del copiloto y abre la puerta y se baja una hermosa dama. «Me traje a una», no completa la frase, no es menester.

La dama pregunta luego que aparte de la camioneta, qué más va a blindar y él responde: «tú sabes, bebé, el juguetico», señalando sus partes íntimas, suyas de él.

«Soy un banco andante y quiero algo donde pueda meter efectivo». Entonces le muestran una caja fuerte que va en la maleta de la camioneta.

La cuña en general es reveladora de este hombre nuevo, mal educado, sin escrúpulos, machista y criminal que ha producido esta tragedia política que agobia a nuestro país.

Frente a esta muestra descarada de lo peor de este tiempo, tenemos que enaltecer y refugiarnos en nuestro lado luminoso.

No olvidar nunca que Venezuela es una tierra de gente talentosa, honesta, trabajadora y buena, con mentes cultivadas, poetas y escritores de renombre, músicos eminentes, maestros abnegados, médicos comprometidos, en fin, demasiada gente que mantiene nuestra esperanza blindada.

Artículos Recientes

  • Microdiccionario de la Extradición
    Dado que la extradición ha pasado a ser el primer tema de interés nacional, tanto que algunos proponen que solo se dialogue entre extraditables
  • El Fin del Mundo
    Un documental sobre el fin del mundo nos hacía meditar sobre la futilidad de todo lo que a veces nos parece trascendente y la importancia de aquellas pequeñas cosas que diría Serrat
  • Entre el dolor y la nada
    El cambio de rumbo de la oposición venezolana, de toda ella, desde la que pedía una invasión inmediata de los marines norteamericano
  • Alex Saab (entre paréntesis)
    En el metro de Caracas, de precario funcionamiento como todo lo que depende de uno de los gobiernos más corruptos del planeta Tierra
  • Homo ¿sapiens?
    En estos días le da a uno por pensar en esa denominación que los paleoantropólogos usan para definir a ese primate evolucionado del que formamos parte los seres humanos modernos.
  • El concilio cadavérico
    Uno de los hechos más insólitos de la historia del papado es el juicio post mortem realizado al papa Formoso, pontífice entre los años 891 y 896